A pesar que la criminología se encarga del estudio de cuatro
elementos primordiales (delito, mecanismos de control social, criminal y víctima),
el reconocer la participación de la victima en el hecho delictivo data de algo
reciente.
El estudio de la víctima se comenzó a originar a partir de
la corriente positivista, que inicialmente se enfocó en el estudio del
comportamiento delincuente desde una perspectiva científica, ignorando a la
figura de la víctima, considerando que era un sujeto neutral que no intervenía
ni tenía ningún tipo de protagonismo en el hecho delictivo.
En la antigüedad era común el uso vindicativo (inclinado a
tomar venganza) de la pena para castigar a un delincuente o al culpable de perjudicar
de alguna forma a otra persona, por lo que se consideraba que, al aplicarle esa
pena al delincuente, indemnizaban a la víctima. Incluso existía una
proporcionalidad entre el daño provocado y la pena, por ejemplo: si la víctima
perdía un brazo a causa del agresor, le cortaban el brazo al agresor o incluso
se le daba muerte. También existía la creencia que, si alguien hurtaba algo que
evidentemente no era suyo, era sometido a la amputación de alguna de sus manos;
este castigo se practica actualmente en algunos países.
Luego que el Estado se encargara del equilibro entre el crimen y el castigo, la víctima quedó en segundo plano debido a que se dejó de utilizar la pena para resarcir a la víctima y se comenzaron a utilizar distintos criterios y mecanismos para condenar comportamientos criminales. Esta situación ocasiona que la víctima pierda relevancia dentro del proceso penal y que la atención se fije en primer lugar en el delito, luego en el delincuente, los mecanismos de control formales e informales para ubicar a la víctima en último lugar de la llamada ecuación criminológica.
Varios pensadores de épocas pasadas se refirieron a la víctima en sus trabajos, sin embargo, no lo hacían considerando el concepto que se tiene actualmente sobre la victimología, entre estos pensadores en encuentran: Becaria (1764), Lombroso (1876), Ferri (1892), Garófalo (1885), Sutherland (1924), etc...
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| Beccaria |
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| Lombroso |
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| Ferri |
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| Garófalo |
Al redescubrirse la figura de la víctima, se comenzaron a desarrollar estudios más avanzados acerca del control social de los delitos, lo que ocasionó que se diera una gran extensión del conocimiento y análisis científico hacia ámbitos nunca antes explorados ni tomados en consideración. Dicha ampliación del conocimiento científico ocasionó que se tomara la víctima como objeto de investigación con el fin de poder estudiar sus características, personalidad, posible vulnerabilidad, relación con el hecho delictivo y el criminal como tal, así como también su intervención en el hecho criminal y su relación con la sociedad.
Es de esta manera que en los años cuarenta se da un cambio en el pensamiento de muchos investigadores, los cuales comenzaron a tomar en cuenta la existencia de la víctima en los delitos y el proceso penal, surge cierta preocupación por esta y comienza a ser investigada a pesar de los tantos estereotipos que le rodeaban, pues en esa época (e incluso personas actualmente) consideraban que la víctima era la única responsable del daño que le fue ocasionado.
Bibliografía
Cuarezma, T., S. (2012) La Victimología. Instituto Interamericano de Derechos Humanos.
Zúñiga, L.R. Fundamentos de criminología. San José, C.R: EUNED.






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